¿Por qué debemos traducir únicamente a nuestra lengua materna?

Cuando alguien ajeno al mundo de la traducción conoce a un traductor, lo más habitual es que le pregunte: «¿Y a qué idiomas traduces?». La respuesta, que en la gran mayoría de los casos es exclusivamente la lengua materna del traductor correspondiente, suele provocar extrañeza en el interlocutor, que inmediatamente pregunta: «¿Y por qué únicamente al español?» (o la lengua que sea). Teniendo en cuenta que se trata de una persona ajena a la profesión, es comprensible que desconozca algo que los profesionales damos por sentado; sin embargo, es curioso que en las facultades en las que se forma a los futuros traductores no aclaren a sus alumnos que la existencia de asignaturas de traducción inversa en los planes de estudios no implica que deban traducir a otras lenguas.

¿Y por qué no debemos traducir a otros idiomas? Creo que la forma más clara de explicarlo es poniendo un ejemplo. Seguro que la mayoría de nosotros conocemos a algún extranjero que habla muy bien nuestra lengua, que incluso nos sorprende y nos da envidia por lo bien que se expresa en un idioma que no es el suyo; sin embargo, por muy bien que se exprese, siempre hay alguna cosa que no acaba de encajar, no porque sea incorrecta gramaticalmente, sino porque no suena natural, porque un nativo la diría de otra forma. ¿No es mucho mejor que cada uno se centre en traducir a la lengua con la que creció? En otros tiempos, cuando no existía Internet y las traducciones se entregaban en mano, era comprensible que algunos traductores tradujeran a lenguas extranjeras, ya que no siempre era posible contar con profesionales nativos, pero hoy no tiene ningún sentido encargarle una traducción a una persona que probablemente producirá un texto que no sonará del todo natural y que podría provocarle extrañeza (o incluso una carcajada) al lector.

Algunos traductores dicen que no les queda otro remedio que hacer inversas, porque no les piden otra cosa; pero, si eso ocurre, es porque están buscando en el lugar equivocado. Tenemos que buscar clientes que necesiten traducciones a nuestra lengua y, en muchos casos, eso implica buscar no solo fuera de la ciudad en la que vivimos, sino también en otros países. Afortunadamente, hoy podemos trabajar con clientes de cualquier parte del mundo, así que la excusa de que el mercado local solo necesita traducciones a otros idiomas ya no es válida. Además, el hecho de ofrecer traducciones a varias lenguas hará que otros traductores,  empresas de traducción o empresas de otro tipo acostumbradas a trabajar con traductores nos vean como novatos (o, peor aun, como poco profesionales). En vez de abrirnos puertas, afirmando que podemos traducir a más de una lengua nos estamos colocando en el peor segmento del mercado: aquel formado por clientes que no valoran la calidad y que lo único que quieren es conseguir la traducción más barata posible. Si lo que queremos es conseguir buenos clientes, tenemos que esforzarnos por ofrecer traducciones de calidad y uno de los factores fundamentales para conseguirlo es traducir a nuestra lengua materna.

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16 respuestas a ¿Por qué debemos traducir únicamente a nuestra lengua materna?

  1. Hola Elena.
    En primer lugar, enhorabuena por la publicación; seguro que genera un buen debate 🙂
    Esto es algo que siempre me ha rondado la cabeza y, en general, siempre había pensado que lo más lógico (y efectivo) era traducir hacia nuestra lengua materna. En mi ejercicio profesional no he trabajado mucho en inversa, casi siempre en “entornos muy controlados”. De ahí que creyera que no sería adecuado hacerlo al contrario.
    Sin embargo, cuando empecé mi carrera investigadora, he leído muchísimo sobre direccionalidad y me han cambiado los esquemas. En este momento ya se han realizado estudios empíricos para evaluar la calidad de las traducciones, comparando la modalidad directa y la inversa. Los resultados han sido muy sorprendentes, ya que se ha demostrado que no hay apenas diferencias grosso modo entre ambas.
    ¿Por qué ocurre esto? Normalmente, cuando trabajamos desde una lengua extranjera hacia la materna, los errores suelen ser fundamentalmente de comprensión, que son precisamente los errores más graves. Al contrario, cuando trabajamos desde nuestra lengua materna hacia una extranjera, los errores se deben a problemas de producción (es decir, inexactitudes en la transmisión del mensaje, pero no “mistranslations” ni falsos sentidos.
    Los estudios me han cambiado bastante mi forma de ver las cosas y ahora abogo por ambas modalidades.

    Un abrazo,
    Eugenia

    • Elena Pérez dijo:

      Gracias, Eugenia. Muchas gracias por la información sobre los estudios sobre direccionalidad, aunque la verdad es que sigo opinando lo mismo. Efectivamente, cuando traducimos desde una lengua extranjera, el riesgo de que existan errores de comprensión es mayor que si lo hacemos desde nuestra lengua materna y, por esa razón, más de una vez he pensado que lo ideal sería que los revisores fueran nativos de la lengua de partida; no obstante, creo que una traducción con un buen proceso de revisión siempre será mejor si se hace hacia la lengua del traductor que si se hace hacia una lengua extranjera con un revisor nativo de la lengua de destino, ya que es mucho más fácil (y lleva menos tiempo) corregir errores de comprensión que el estilo. Por otra parte, no hay que olvidar que traducir a una lengua extranjera siempre nos va a llevar más tiempo, con lo cual resulta mucho menos rentable para el traductor.

  2. Goran Dimitrovski dijo:

    Por la mayor parte estoy de acuerdo con el argumento, pero no es una regla de 100%. Después de casi 15 años de leer, estudiar, ver películas y hablar con amigos en inglés, es la idioma que hablo mejor y en que pienso, pero nunca sería mi idoma materna, mis padres ni la hablan. Hay excepciones.

    • Elena Pérez dijo:

      Hay excepciones, por supuesto. De todas formas, tu lengua materna no tiene por qué ser necesariamente la de tus padres, sino la lengua del lugar en el que te has criado.

  3. Tatenori dijo:

    Hola. Estoy muy de acuerdo con el post, pero también entiendo la postura de Eugenia Arrés… En mi caso, me encanta traducir al japonés y tengo la suerte de poder hacerlo de vez en cuando, en traducciones de uso personal o uso interno de una institución, es decir, no publicables. Suele tratarse de casos muy peculiares, como textos en español o catalán algo arcaico o, hace poco, cartas manuscritas (entre la letra de cada uno y su nivel cultural… más coloquialismos, localismos, palabras inventadas… ¡puede ser una tortura!). En este caso (material no publicable), ya sabéis que el texto final no hace falta que sea perfecto (basta que sea inteligible), pero sí hace falta alguien que pueda entender bien el texto original, y normalmente en estos casos tan especiales suele ser mejor un nativo de la lengua de origen que de la lengua meta. Ya sé que es un caso excepcional y testimonial, pero no deja de ser un trabajo de los que te pueden llegar en un momento u otro.

  4. Joan Parra dijo:

    Alguno/a de mis compañeros de Traducción Inversa de la facultad se puede cabrear bastante si lee este post ;). Yo tampoco traduzco nunca al alemán ni al inglés, pero hay que hacer algunas precisiones. A lo que dice Eugenia (muy acertado) hay que añadir por ejemplo el grado de especialización de los textos. Traducir un texto de marketing no tiene nada que ver con un manual de maquinaria. Y podríamos seguir pero no tengo tiempo…

    • Elena Pérez dijo:

      Gracias, Joan. Los que me conocen saben que no me importa hablar de cosas que generen polémica en las FTI (incluso cuando daba clases en una) ;-). De cualquier modo, yo no digo que haya que quitar las asignaturas de inversa; de hecho, creo que traducir a otros idiomas es un buen ejercicio.

  5. Quique dijo:

    Hola Elena:
    Ante nada, enhorabuena por el post. Creo que estas cosas, por polémicas que puedan resultar, deben debatirse porque es la mejor manera de avanzar en la investigación.
    Pese a que entiendo y respeto tu postura, no estoy conforme, sobre todo con lo referente a la calidad de las traducciones. En general, las tarifas de traducción inversa suelen ser superiores a las de traducción directa, por lo que siempre cabe la posibilidad de que un hablante nativo con formación colabore. De esta forma, el resultado final será un texto correcto y de calidad. Ahora bien, insisto, un hablante nativo con formación y no cualquier hablante nativo, ya que, en este segundo caso, es incluso probable que éste merme la calidad de la traducción.
    Sí que es verdad que la traducción inversa, en ocasiones, puede ser un trabajo mucho más costoso, aunque creo que es cuestión de práctica. También, como ya ha apuntado Joan Parra, el grado de especialización del texto determinará en gran medida todos estos parámetros.
    Sí que estoy muy conforme con tu opinión sobre las asignaturas de traducción inversa de la titulación. Aunque se trata de un tipo de traducción pedagógica, más que profesional, creo que su papel en el desarrollo de la competencia traductora es vital, puesto que no solo ayuda a perfeccionar el idioma extranjero, sino también a entender la traducción desde el otro extremo del péndulo. Está claro que el grado de activación de las subcompetencias dentro de la CT variará notablemente según la direccionalidad. Por ejemplo, en traducción inversa, la subcompetencia estratégica jugará un papel vital, mientras que, posiblemente, en traducción directa, su nivel de activación sea menor. En realidad, yo equipararía todo esto al Modelo de Esfuerzos propuesto por Gile para la Interpretación.
    Gracias por la publicación y a ver si otr@s compañeros opinan más cosas.

    • Elena Pérez dijo:

      Gracias por tu comentario, Quique. El hecho de que las tarifas de traducción inversa suelan ser superiores se debe, sobre todo, a cuestiones de oferta y demanda (en España hay más traductores de lengua materna española que de otras lenguas) o al hecho de que los traductores que traducen a otras lenguas viven en países en los que las tarifas que se manejan suelen ser superiores. No me parece que pueda justificarse ante un cliente que le vamos a cobrar más por una inversa porque tenemos que buscarnos un traductor nativo que nos revise el texto.

  6. Pingback: ¿Por qué debemos traducir únicamente a nuestra lengua materna? | traduzco

  7. Elena, comparto totalmente tu postura. Dejando aparte ciertos casos excepcionales (traducciones en las que únicamente importa saber lo que dice el texto original, que no van a ser publicadas, que se hacen como favor a algún cliente especial, etc.), creo que ningún traductor debería hacer habitualmente traducciones inversas, y menos aún sin pasar por las manos de un revisor nativo de la lengua de destino. En condiciones «normales», al cliente le importa tanto el contenido de la traducción como la fluidez y la corrección de la lengua y el estilo de redacción, y esos aspectos solo pueden llegar a dominarse a la perfección siendo hablante nativo. El «Sprachgefühl», como dicen los alemanes (véase explicación aquí: http://sprachgefuhl.com/public2011/%C2%BFcomo-funciona/%C2%BFque-es-sprachgefuhl/), que tiene un hablante nativo jamás lo tendrá un no nativo. Suscribo especialmente este fragmento de tu artículo:

    «Algunos traductores dicen que no les queda otro remedio que hacer inversas, porque no les piden otra cosa; pero, si eso ocurre, es porque están buscando en el lugar equivocado. Tenemos que buscar clientes que necesiten traducciones a nuestra lengua y, en muchos casos, eso implica buscar no solo fuera de la ciudad en la que vivimos, sino también en otros países.»

    Eso sin contar el hecho de que, como las traducciones inversas requieren más tiempo y esfuerzo, además de una revisión extra, para lograr un buen resultado, lo lógico es cobrarlas más caras que las directas. Sin embargo, difícilmente un cliente accederá a pagarnos más por un trabajo que un traductor nativo de la lengua de destino podría hacer mejor y más barato.

    Un saludo,
    Isabel

  8. Apostilla a lo anterior: y si aceptamos por una traducción inversa la misma tarifa que por una directa, estamos haciendo el primo.

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