¿Merece la pena asociarse?

Esta es una pregunta que  muchos traductores o traductores en ciernes se plantean en algún momento. La decisión depende en muchos casos de los beneficios inmediatos que el traductor crea que puede obtener, es decir, de los servicios que ofrezca la asociación. Con relativa frecuencia estudiantes de traducción o traductores que no pertenecen a ninguna asociación me preguntan qué ventajas tiene ser socio de Asetrad, asociación a la que pertenezco. Sin embargo, en realidad, lo que quieren saber es si pagar la cuota va a hacer que consigan más trabajo. Y es que muchos ven las asociaciones como clubes en los que se paga una cuota a cambio de una serie de servicios; pero lo cierto es que las asociaciones son mucho más que eso.

Hace años, cuando hacía los cursos de doctorado, realicé una investigación sobre el asociacionismo entre los traductores jurados (aunque no creo que los resultados variasen con otros tipos de traductores) y me llamó la atención el elevado número de encuestados que no pertenecía a ninguna asociación pero consideraba que la labor de las asociaciones es importante para aumentar el reconocimiento de la profesión y que es necesario unir fuerzas. Entonces, ¿por qué muchos traductores tienen en cuenta únicamente los beneficios tangibles que puede ofrecerles una asociación cuando se plantean asociarse?

Supongo que en muchos casos se trata de comodidad (que se muevan otros). De hecho, más de una vez he leído intervenciones en listas de distribución de traductores que no están asociados pero que esperan que las asociaciones actúen por el bien común. Supongo que no se dan cuenta de que, para que las asociaciones funcionen, es necesario que haya voluntarios que trabajen para conseguir que los proyectos salgan adelante. Y los proyectos de las asociaciones no son únicamente los cursos, los descuentos en productos o servicios o la bolsa de trabajo que puedan ofrecer a sus socios, sino muchos otros menos visibles, aunque más importantes a largo plazo, como la lucha por el reconocimiento de la profesión o la defensa de nuestros derechos.

Los traductores hemos trabajado durante mucho tiempo aislados, sin contacto con otros compañeros de profesión, y eso ha provocado que algunos hayan intentado aprovecharse de nosotros. Afortunadamente, hoy en día tenemos asociaciones que no solo nos permiten socializar con nuestros colegas, sino también mantenernos al día de lo que ocurre en el mercado, y que nos ayudan a actuar ante posibles abusos. Así, por ejemplo, en el último año varias asociaciones han colaborado organizando charlas y mesas redondas con el objetivo de informar a los traductores de determinados movimientos preocupantes que se están produciendo en el mercado (empresas que exigen descuentos a sus colaboradores poniendo como excusa la crisis, que piden dinero a los profesionales que quieran formar parte de su base de datos, que les exigen utilizar —previo pago de una cuota— su propia herramienta de traducción asistida…).

Es cierto que todavía hay muchas cosas por hacer, pero solo podremos hacerlas si tenemos asociaciones profesionales fuertes con socios que se impliquen.

 

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4 respuestas a ¿Merece la pena asociarse?

  1. Judit dijo:

    Totalmente de acuerdo y muy bien dicho. Yo ahora me arrepiento de no haberme asociado antes, pero nunca es tarde si la dicha es buena.

  2. Genial entrada, Elena; cuánta razón tienes. Para mí, las ventajas más importante de pertenecer a Asetrad no son tangibles. De hecho, siempre que me preguntan, digo que mi principal beneficio es sentirme parte de un colectivo cohesionado con unos intereses comunes y fuerza para defenderlos, seguido del contacto con otros colegas y de la formación continua a través de cursos, talleres, charlas, etc. También cuenta el prestigio o seriedad que ser miembro de una asociación da de cara a los clientes y los demás colegas. En definitiva, recomiendo a todos los traductores que se asocien, o al menos que estén en contacto con otros colegas y no se aíslen. Y, sobre todo, lo que tú has dicho: que tengan en cuenta que las asociaciones no funcionan solas, sino que su funcionamiento corre a cargo de los propios socios.

    Un saludo,
    Isabel

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