¿Cuánto cuesta una traducción? (I)

Muchas personas se hacen esa pregunta cuando se ven por primera vez en la necesidad de encargar una traducción. Y lo cierto es que la respuesta no es fácil. En primer lugar, porque, al igual que en otras profesiones, los honorarios pueden variar muchísimo: podemos encontrar desde el segmento «todo a 100» hasta el de «alta costura», pasando por un montón de segmentos intermedios.

A esta variedad de tarifas hay que añadir la diversidad de unidades de tarificación. Así, en España lo más habitual actualmente es cobrar por palabra, pero hay traductores que cobran por palabra del texto original y otros que cobran por palabra traducida; además, en algunos sectores, como la traducción de libros, es habitual cobrar por página (traducida y de un determinado número de caracteres). Y cuando «salimos» a otros países la cosa se complica: en Alemania suele cobrarse por línea (la normalizada es de 55 caracteres, aunque puede variar dependiendo del proveedor), en Italia por cartella de 1500 caracteres, en Brasil por lauda (de un número variable de caracteres), en el Reino Unido e Irlanda por 1000 palabras…

¿Y cuál es el mejor método? En realidad el método es lo de menos, ya que un profesional cobrará prácticamente lo mismo por un mismo trabajo, tome la unidad que tome como base. De hecho, los traductores tenemos en cuenta nuestra productividad y lo que nos interesa, como a cualquier otro profesional, es que nuestros ingresos se adecuen al tiempo invertido en nuestro trabajo: como es lógico, una traducción que nos lleve una hora no va a costar lo mismo que una a la que tengamos que dedicarle una semana.

Pero ¿cómo sabe de antemano un traductor cuánto va a tardar en terminar un encargo? Lo cierto es que nunca puede estar seguro al cien por cien, pero sí que puede hacer cálculos aproximados basándose en el tiempo dedicado a trabajos anteriores de características similares.

En el mundo de la traducción se considera que 2500 palabras diarias es una producción normal; sin embargo, hay trabajos que, por su complejidad, pueden hacer que nos quedemos bastante por debajo de esa cifra y otros con los que conseguiremos superarla con creces.

Entonces, ¿no sería mejor cobrar por el tiempo real invertido? Desde luego, sería más justo para ambas partes, pero lo cierto es que la mayoría de los clientes suele preferir conocer el precio exacto de antemano. Además, de esta forma se evita el riesgo de que el cliente desconfíe del profesional si el tiempo dedicado a la traducción supera el previsto en un principio.

Si partimos de la base de que, al establecer sus tarifas —aunque no resulte evidente por su unidad de tarificación—, el traductor en realidad está cobrando por su tiempo, lo que nos interesará saber entonces es cuánto cuesta el tiempo del traductor. Pero eso se quedará para la siguiente entrega.

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